jueves, 22 de enero de 2026

Los cavernícolas también se colocaban

 

Todos somos conscientes de que el consumo de drogas es una lacra que afecta a nuestra sociedad y que preocupa a muchos gobernantes (que se lo pregunten a Trump y su angustia con el desenfrenado consumo de fentanilo en su país). Pero esto no es una consecuencia de la sociedad moderna y civilizada, la cosa viene de antiguo. Al ser humano eso de ponerse ciego y colocarse le ha gustado desde siempre.

Antes de entrar en materia sería conveniente definir qué es una droga. Cuando utilizamos este término pensamos en sustancias prohibidas y perseguidas por la ley, pero nos olvidamos de las que están aceptadas no solo en el marco legal sino en la propia sociedad.

Según la OMS droga es toda aquella sustancia natural o sintética que al ser introducida en el organismo puede alterar de algún modo el sistema nervioso central, generando modificaciones en el estado de consciencia, de pensamiento, del estado de ánimo y de las funciones motoras (sic). En este contexto se encuentran la cocaína, la heroína, los estupefacientes, el LSD…, pero también el alcohol, el tabaco e, incluso, la cafeína.

Así que todos, salvo los bebés y los anacoretas, hemos consumido drogas en algún momento de nuestras vidas. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Pero… ¿desde cuándo estamos enganchados a tomar sustancias que alteran nuestro sistema nervioso central y nos hacen sentir diferentes?

Hay registros arqueológicos que indican esta afición desde hace miles de años y me voy a centrar solo en las sustancias que ahora están prohibidas (lo del alcohol y el tabaco mejor lo dejamos para otra ocasión).

En la cueva de Shanidar (Irak) se encontraron enterramientos de neandertales donde, a modo de ofrenda floral, se hallaban también pólenes de plantas con propiedades alucinógenas. La ofrenda no se sabe muy bien si era un guiño a los usos y costumbres de los finados o una manera de desearle al muerto un buen viaje (en todos los sentidos).

En otra cueva más cercana, El Sidrón (Asturias), se localizó una mandíbula con restos de corteza de álamo. La corteza de este árbol tiene una sustancia, salicina, de la que se deriva el principio activo (ácido acetilsalicílico) de uno de los analgésicos antiinflamatorios más famosos en todo el mundo: la aspirina. Este hallazgo da a entender que el propietario de esa mandíbula tuvo que recurrir a mascar la corteza para combatir (presumiblemente) un dolor de muelas. En este caso el uso de esa planta no tendría un motivo lúdico (ver imágenes distorsionadas y alucinar), aunque es previsible que el interfecto viera igualmente luces en forma de estrellas por culpa del flemón.

Cuando nuestros antepasados más remotos usaban plantas con potentes efectos en el sistema nervioso central no siempre buscaban una evasión a los problemas del día a día (conseguir comida, luchar contra el frío, evitar que un tigre te coma…), a veces el objetivo era hacer daño a otros. Se han encontrado proyectiles (puntas de flecha y lanzas) con restos de alcaloides para así convertirlos en más letales. El enemigo además de recibir una buena herida acababa rematado por la droga con la que había sido impregnada el arma previamente.

Papaver somniferum, la amapola de donde se extrae el opio

La adormidera (Papaver somniferum), contiene un látex del que se obtiene el opio. Antes se ha mencionado el problema que tiene Trump con el consumo de fentanilo en EE. UU., pero el emperador chino Daoguang del siglo XIX también tenía un buen marrón con el consumo de opio por parte de sus súbditos, tal fue así que tuvo que prohibirlo y hasta entró en guerra con los británicos. Sin embargo, el opio ya dio guerra anteriormente. Yacimientos en Suiza nos hacen ver que el uso de esta planta como alucinógeno ya era conocida muchos años antes y sus propiedades narcóticas aficionaron a los pobladores de Micenas y de la Creta minoica (en esta isla apareció la figura de una diosa con una especie de diadema adornada con la cápsula de donde se extrae el citado látex que contiene la droga). Por lo tanto esta curiosa amapola estuvo presente en la vida de muchos (supuestos) adictos.


          Diosa de la adormidera (Creta)

Herodoto, en siglo V a.C. contó que los escitas consumían cáñamo o, lo que es lo mismo, Cannabis sativa, planta de la que se extrae el cannabis, o lo que es lo mismo, la marihuana. Parece ser que su manera de asearse consistía en poner una tienda con un buen toldo, colocar sobre unas piedras calientes el cáñamo y comenzar a inhalar el humo que la planta desprendía. Esta sauna tan particular era muy apreciada por este pueblo. Qué espabilados los escitas, ahora se explica su fiereza en el combate.

Pero no solo los escitas eran aficionados al cáñamo, el consumo de porros en la antigüedad estaba bastante extendido. Se han encontrado numerosas tumbas con marihuana. En la necrópolis de Jirzankal (Pamir, China) se hallaron braseros para quemar cáñamo e inhalar el humo desprendido. Canutos a la antigua.

Algo parecido ocurrió con la cocaína, en las zonas endémicas donde la planta (Erythroxylum coca) crece espontáneamente son igualmente innumerables los yacimientos que muestran tubos inhaladores. En Bolivia se encontró la tumba de un chamán con todo su equipo que consistía en restos de cocaína y tubos para esnifar.

Pero estos tubos inhaladores también se hallaron en zonas donde la coca no era endémica por lo que se supone que otras sustancias también se esnifaban. Además, algunos tubos aparecían con diferentes accesorios añadidos. El tubo tal cual servía para inhalar la sustancia psicoactiva, pero había otros que tenían en uno de sus extremos una especie de perilla. Aquí los expertos no se ponen de acuerdo sobre el servicio de este útil. Unos dicen que era para administrar colirios otros que para administrar una sustancia por vía rectal, algo que podría ser factible pues muchas drogas, como el opio y el cannabis, se absorben mejor por el recto evitando, además, que se pierda efectividad.

Los restos de cabello (algo muy raro de hallar en un yacimiento) encontrados en la Cueva des Càrritx (Menorca) al ser analizados se detectaron diferentes alcaloides como atropina, escopolamina y efedrina. Estas sustancias tienen efectos diversos que van desde la relajación (somnolencia) a la excitación (te pones como una moto), además pueden dar una sensación de hormigueo en la piel que muchos describen como si te estuvieran saliendo pelos o alas (lo de las alas es el paso previo para sentir que vas a volar y de ahí al colocón absoluto hay un paso muy corto).

Además, los análisis del pelo revelaron que el consumo no había sido puntual porque los restos se hallaron en una buena extensión de la muestra y el pelo se toma su tiempo en crecer. Lo de los hippies de Ibiza no fue ninguna invención de los años 70 de las Islas Baleares, en Menorca ya le daban al tema desde mucho antes.

Pero no solo los humanos somos amigos de «volar», a otras especies también les gusta y no me refiero a las aves. Varios documentales han pillado a más de un delfín «jugando» con un pez globo. Parece ser que alguna de las toxinas de este curioso (y letal en algunos casos) pez induce un estado de somnolencia y trance en los delfines por lo que se acercan a ellos para divertirse.

Delfín "divirtiéndose" con un pez globo

Está claro que a cualquier bicho viviente, y en cualquier momento y lugar, le gusta disfrutar y pasárselo bien, el problema es que algunas maneras de divertirse pueden ser peligrosas y tras la diversión viene la lamentación. Ya sabemos todos que en lo de disfrutar lo que no mata, engorda (o es pecado).