La mayoría de los científicos suelen ser muy despistados.
Genios de la Ciencia han sido señalados por sus rarezas, pero también
por sus despistes. Podría decirse que, si la demencia es la madre de la
ciencia, el despiste es el padre.
Newton dio muestras de vivir en su mundo particular cuando, ante la petición de Halley, no encontró los cálculos que demostraban que la trayectoria de los planetas es una elipse. Hay que ser despistado (y desordenado también) para perder algo así. Pero también es conocida una anécdota que se cuenta de él: dicen que una criada lo pilló un día en la cocina cociendo su reloj de bolsillo mientras miraba fijamente un huevo para averiguar qué hora era.