Soy curiosa desde niña. Quizás por eso me gusta tanto la ciencia. Cuando observo algo busco siempre un patrón e intento obtener conclusiones. Para mí esa es la esencia de la investigación.
Se pude aprender de todo lo que nos rodea y sacar provecho para el futuro. Los eclipses no son una excepción.
Según la RAE, eclipse es la ocultación transitoria total o parcial de un
astro por interposición de otro cuerpo celeste. Cuando es la Tierra la que se
interpone entre el Sol y la Luna, es un eclipse lunar, cuando es la Luna la que
se entromete es un eclipse solar. El movimiento de la Luna y la Tierra
interactuando con el Sol nos ha deparado muchas situaciones extraordinarias,
bien ocultando la luz del Sol o la de la Luna.
La mayoría de las veces los eclipses han servido para acojonar al
personal. Antes de que los antiguos supieran explicar este fenómeno e incluso
vaticinar con las cartas astronómicas cuándo se iban a producir, el pueblo
inventaba historias de lo más variopintas para entender qué estaba pasando. Por
ejemplo, en la antigua China, ante un eclipse solar decían que un dragón se
había comido el sol; debía de ser algo indigesto porque siempre lo vomitaban, o
quizás la regurgitación se debiera a que estaba demasiado caliente.
Tanto si las explicaciones tenían o no fundamento, los eclipses siempre
suscitaron miedo.
En 1504 Cristóbal Colón hizo gala de una astucia genuina cuando
amedrentó a la población indígena de la isla de Jamaica a cuenta de cierta
información que obraba en su poder. Parece ser que los isleños, hartos de ver
tanto castellano por sus casas haciendo lo que les daba la gana, decidieron dejar
de suministrar alimentos y agua a esos nuevos inquilinos para ver si así se
iban de una santa vez.
El almirante sabía que un eclipse lunar se iba a dar porque tenía un
ejemplar del libro «Efemérides» del astrónomo Regiomontano, donde se avisaba de
tal fenómeno. Ni corto ni perezoso amenazó a los indígenas con hablar con su
dios y pedirle que «apagara» la luna si estos no les procuraban víveres.
Cuando, la noche que él dijo sería la del castigo divino, la luna se ocultó
rodeada de un halo rojo sangre, los pobres jamaicanos se asustaron mogollón y
se avinieron a alimentar a los molestos huéspedes.
En otra ocasión un eclipse, esta vez solar, sirvió para terminar una
guerra. Fue en el año 585 a. C. Los medos y los lidios (pueblos de Asia Menor y
de Oriente Próximo) se estaban dando de espadazos y flechazos a cuenta de apropiarse
un buen pedazo de Anatolia. En medio de la batalla de Halys (en la actual
Turquía) el sol «desapareció». Fue tal el susto que se llevaron que pensaron
(cómo no) que era cosa de los dioses que se habían enfadado (para los antiguos
cuando las deidades se cabrean responden apagando la luz) y temerosos de la reacción
divina decidieron acordar la paz y dar término a una guerra que ya duraba más
de seis años. En este caso la utilidad del eclipse fue beneficiosa pues siempre
es mejor la paz que la guerra, aunque, en este caso, la ignorancia tanto de
medos como de lidios tuvo mucho que ver porque Tales de Mileto (un matemático
griego nacido en Anatolia) ya lo había predicho en sus estudios, pero en aquella
época, al igual que ocurre en la actualidad, no se le hacía ni pajolero caso a
los estudiosos que se dedicaban a propagar sus investigaciones.
Otra utilidad beneficiosa de un eclipse, también solar, se dio el año
1654. Ocurrió en París. Aunque los astrónomos ya lo habían avisado la mayoría
de los gabachos se asustaron un montón a pesar de las explicaciones de los
entendidos a los que, una vez más, nadie hizo caso. La cosa se tradujo en un
pavor generalizado que invadió las calles parisinas de gente gritando
aterrorizadas.
El miedo llegó hasta Versalles. El propio rey, Luis XIV, se escondió en
la bodega de palacio muerto de miedo. En su caso el temor era más agudo porque
se le apodaba el Rey Sol y si el astro con el que se asociaba su reinado
desaparecía cabía la sospecha de que el universo (o Dios) estuviera lanzando un
mensaje funesto para la monarquía en general y para él en particular. Dicen que
el monarca, aunque asustado o quizás debido a ello, aprovechó el lugar de
refugio, la bodega, para entretener el susto bebiendo vino por lo que salió del
trance más animado y con una notable cogorza. No hay mal que por bien no venga.
Otra batalla acabó en algo de paz en medio de una guerra cuando el Sol
fue ocultado por la Luna. Fue en Simancas, en el año 939, y los contendientes
eran Ramiro II de León y Abderramán III. En esta ocasión la paz fue efímera,
tan solo una tregua para reponerse del sobresalto. Cuando llegó la noche en
medio del día todos los combatientes dejaron de luchar y se retiraron a sus
cuarteles. El rey cristiano parece que se repuso mejor que el musulmán y
cuando, un mes después, volvieron a guerrear ganó la contienda y frenó la
expansión del Califato de Córdoba.
El eclipse solar que se dio en 1919 resultó útil para refrendar la
teoría de la relatividad de Einstein. Cuando el cielo se oscureció durante el
día, los científicos pudieron comprobar cómo la gravedad del Sol curva el
espacio desviando la luz de las estrellas en el ángulo que Einstein predice en
su teoría.
En cualquier caso, y astrónomos aparte, en épocas pasadas la ignorancia
ayudó a que el resultado de los eclipses provocara determinadas situaciones.
Ahora, se supone, estamos mejor informados y ya sabemos que es un fenómeno
natural que nada tiene que ver con que los dioses estén enfadados. Se supone.
Yo esto de que estemos mejor informados lo pongo en duda ante la reacción de
algunos de mis semejantes con el eclipse de ayer.
No obstante, a pesar de tanta información yo le tengo miedo a los
eclipses, especialmente a los solares. Mis temores son fundamentalmente de tipo
oftálmico. Padezco miopía severa (no uso lentillas ni gafas porque me
corrigieron quirúrgicamente el defecto visual, pero mis ojos siguen siendo
miopes), lo que se traduce en que mi retina no está para muchos trotes y la
cuido como el tesoro que es.
Ayer solo miré el eclipse unos segundos, con mis gafas homologadas, por
supuesto, pero solo unos instantes. Lo hice por precaución y porque lo
realmente interesante de este eclipse no estaba en la imagen del Sol detrás de
la Luna, lo fascinante se desarrollaba en el entorno: la luz cenicienta del
ambiente previa a la oscuridad total, la noche repentina durante unos segundos
o las cotorras mudas en sus nidos (esto sí que fue insólito y de agradecer).
Pero no solo temí por mi retina, también por la de los demás. A mi modo
de ver hubo gente a mi alrededor que no tenía gafas adecuadas no sé si por
estupidez o porque se habían agotado y decidieron mirar igualmente.
A pesar del miedo estaba ilusionada, aunque no tanto como para
desplazarme de mi domicilio. Donde yo vivo el eclipse fue del 99,9% por lo que
no creí necesario recorrer varios kilómetros para llegar a la zona de oscuridad
total. Además, el parque al lado de mi casa está en alto, es una colina plagada
de pinos con bonitas vistas al oeste, así que desde allí pude visualizar perfectamente
el evento. Si el eclipse hubiera tenido lugar diez minutos antes hasta podría
haberlo visto desde mi balcón, aunque en ese caso me habría perdido la reacción
de mis vecinos en el parque porque, en el culmen del eclipse, rompieron a
lanzar aclamaciones y aplausos. Fue emocionante, no sé a quién vitoreaban, si
al Sol o a la Luna, puede que a la Naturaleza en general por regalarnos un
momento tan especial.
Hoy, el día después veo correctamente, pero sigo teniendo miedo. No sé
si tanto arrobo por el eclipse habrá supuesto daños oculares en mis semejantes.
Siguiendo con mi manía de obtener conclusiones observando lo que ocurre a mi
alrededor, durante las próximas semanas voy a investigar en qué porcentaje se
han incrementado las visitas a las consultas de oftalmología y cuántos nuevos
miembros ha recibido la ONCE.
Os tendré al tanto.

Qué buen resumen de anécdotas relacionadas con eclipses y de importantes hitos científicos como el de la primera confirmación empírica de la teoría de la relatividad (esa sí me lo sabía).
ResponderEliminarEs siempre un placer leerte.
Hola, Antonio.
EliminarEs curioso ver cómo la gente ha reaccionado ante los eclipses durante la historia. Casi siempre ha sido fruto de la ignorancia. Incluso ahora, con toda la información que poseemos hay algunos que siguen yendo a su bola, como los que dicen que esto ha sido una maniobra del gobierno para desviar la atención de la corrupción. Alucinante.
Un beso.
Ha sido una experiencia inolvidable. La luz metálica justo antes del momento cumbre, la erupción solar que se vio abajo a la izquierda, el saber que se asistía a un momento histórico en la astronomía... fue de lo más emocionante y mágico. Estábamos solos mi marido, mi hermana, mi sobrina, mi cuñado, su hermana y yo. Mientras pudimos lo vimos desde el patio de su casa, en un pueblo de León. Luego salimos a la calle, donde no había ni un alma, y seguimos mirando apoyados en el coche.
ResponderEliminarYo también cuido mucho mis ojos, o debería decir mi ojo. Uno casi no ve y si solo tuviera ese no podría leer. Afortunadamente el otro vale por dos. Miré unos segundos cada bastante tiempo y, por supuesto, con gafas homologadas.
Por cierto, los que creen que la Tierra esplana ¿también creen que son planos el Sol y la Luna?
Un beso.
Los que creen que la Tierra es plana no dicen que la Luna y el Sol lo sean así que, supongo, siguen tranquilos en su estulticia.
EliminarA mí también me pareció más excepcional esa luz metálica que se dio justo antes aunque creo que al ser al atardecer el contraste entre la noche y el día fue menor. El del año que viene me parece que será aún más espectacular porque se dará en plena mañana, aunque tendremos que desplazarnos a Andalucía para verlo por completo.
Menos mal que estabas en León porque en Cantabria las nubes fastidiaron el espectáculo.
Cuida esos ojos. Un besote.
Yo vi el eclipse desde la terraza al oeste que tengo en Salamanca. Allí no fue total, aunque sí anduvo muy cerquita: un 99.97%. La luz amarillenta y metálica que produjo fue para mí lo mejor del mismo. Me dice mi hijo que lo vio en Soria que allí fue total y que por un instante parecía que la noche (más bien el crepúsculo avanzado) había llegado. Fue algo interesante, aunque en mi opinión un tanto excesiva la murga o matraca que nos dieron durante las semanas previas. Una pregunta: ¿No nos habían dicho que habría que esperar no sé cuántos años para volver a ver otro semejante? Entonces, ¿cómo es que el año próximo habrá otro que se podrá observar por la zona de Málaga?
ResponderEliminarMe ha encantado leer el anecdotario histórico que has hecho, Paloma. Me gustan mucho esos sucesos, sean del todo ciertos o no. Me creo el de Cristóbal Colón, me encanta que los medos y los lidios hiciesen la paz gracias a un eclipse, y no sé por qué pongo en duda que el Rey Sol se escondiese en la bodega sólo por temor, ¿no saldría de allí un poco cargadito? Y siempre he creído que los antiguos eran más listos de lo que a veces los pintamos; por esto que hayas hecho referencia a algunas certezas que tenían sobre eclipses que se iban a producir me ha agradado y entretenido.
Una muy buena entrada, Paloma. Cuida tus ojos, amiga.
Un beso
Yo lo del rey Sol tampoco acabo de creérmelo del todo, me parece a mí que a ese señor no hacía falta asustarle con un eclipse para que se agarrara una cogorza ni para que le hiciera una visita a las bodegas.
EliminarIncluso llegué a dudar de la anécdota de Colón porque en esos tiempos las tierras americanas no salían en ninguna carta astronómica, pero aunque el propio almirante creía estar en otro sitio acertó igualmente porque cuando se da un eclipse de luna se ve en todo el hemisferio donde es de noche al contrario de lo que pasa con los eclipses solares que solo se ven en determinadas zonas.
Supongo que lo de esperar muchos años al próximo es para las zonas donde este mes se vio al 100%, ya que el del año que viene en esa franja no será total, en esa ocasión lo podrán disfrutar en Andalucía.
Un beso.
Me encanta tu forma de explicar cualquier cuestión científica e histórica, pues no solo nos mantienes informados y ganamos un poco más de culturilla, sino que además nos lo pasamos (por lo menos yo) pipa. Me haces reir y a la vez entusiasmar. ¡Vaya carga informativa que sostiene este post! Y es que la ignorancia humana (muy comprensible en siglos pasados) es muy osada, casi tanto como la de ahora, porque nuestros congéneres terraplanistas y conspiranoicos ya se encargan de demostralo.
ResponderEliminarYo no pude ver el eclipse porque nuestro apartamento de verano está mirando el este y habría tenido que subir a la azotea para avistar algo mínimamente interesante, pero esa azotea es privada y, por lo tanto, no me atreví a pedir a sus propietarios que me dejaran entrar en su vivienda. Así que tuve que contentarme con verlo por televisión. Y sí, creo que hay mucho idiota suelto si después de tantos consejos decidieron mirar al sol sin gafas protectoras. Allá ellos, y ellas, con su retina.
Un beso.
Hola Paloma:
ResponderEliminarMe ha encantado tu explicación sobre el Eclipse, el cual en Elche no se vio absolutamente nada, si es cierto ,que notamos como de momento se oscurecio el cielo pero poco más, una pena.
He aprendido también como siempre da gusto contigo, sobre todo la anécdota del rey Sol, me ha hecho reir, el pobre la gogorza que se pillo a costa de tal evento.
Y ahora para que te rias, ese dia esperaba la visita de una amiga que venia a traerme una cosa, y se quedo dos segundos, vamos no quiso pasar de la puerta, se volvio a su casa corriendo porque tenia miedo de tanta información que habia oído por la radio y la TV y yo como comprenderás flipando y muerta de risa, luego ella misma se dio cuenta del ridiculo ante mi, y me puso otra excusa, pero ya me habia dicho lo del miedo. Madre mia la ignorancia o la desinformación lo que puede llegar a hacer en las personas, uf, que pena por favor.
Esperaremos al próximo a ver si tengo suerte y puedo verlo, porque algo así, es algo que merece la pena ver auqneu sea una vez en la vida, eso si, yo también protegiendo mis ojos que también tengo miopia y agtismatismo y tengo que cuidarlo como un tesoro, aparte de ya sabes mi oido.
Un beso.